El por qué de mi destino actual se enraiza en los tiempos de la destrucción de Esgaroth por el dragón Smaug. Ya antes de mi actual destino, estuve, junto a mi padre, en varias ocasiones fuera de la ciudad; soy comerciante y de muy joven aprendí el oficio, poseía caravanas que viajaban de las tierras áridas del este al sur a Gondor y a Rohan. Figuraban entre mis contactos buenos capitanes mercenarios y contaba con varias factorías agrícolas en torno al Lago Largo de vides y olivos. Todo eso fue antes de la usurpación del poder de Esgaroth por parte de Bardo y su dinastía arribista, de la destrucción de la ciudad por parte de Smaug y de la batalla de los cinco ejércitos.
Las crónicas cuentan que fue Bardo, descendiente de la realeza de ciudad del Valle, quien acabó con el dragón. No cuentan que allí muchos de los bravos y bravas guerreros y guerreras del Lago lucharon valientemente y murieron en el olvido. Bardo fue quién afortunadamente acabó con la bestia. Nadie puede negar su arrojo, valentía y capacidad como arquero ¿pero es esto lo que convierte a una república comercial en una monarquía de reyes extranjeros?
Luchamos en la Batalla de los Cinco Ejércitos, y ganamos. Yo perdí un padre. Tantos otros buenos hijos, maridos y esposas perdieron a sus padres, parejas y amigos. Solo se cuenta que Bardo, como si fuera suyo y no del pueblo, usó el pago por nuestra ayuda para reconstruir la ciudad. ¡El dinero era de todos! El dinero era de cada uno de los habitantes y ciudadanos de la ciudad del Lago, de todos aquellos que murieron o vivieron para contar la historia. La ciudad, hecha cenizas, y un usurpador en su trono.
Durante los veinte años siguientes, muchos de nosotros nos resistimos a asumir la autoridad de alguien cuya legitimidad venía de la supuesta herencia real de Valle. Esgaroth era una república comercial próspera cuyo último gobernador era un corrupto e incompetente, sí, pero cuyo brazo fuerte, aquel quien era jefe de la guardia era el propio Bardos. Todo esto se tapó bajo la supuesta legitimidad real de nuestra antigua capital.
Veinte años más tarde varios de nosotros, los resistentes a la monarquía autoritaria impuesta por la naciente dinastía de Bardos, viajamos en varias direcciones en busca de aliados que apoyen la reinstauración del poder del pueblo. En la busca de apoyos para conformar una confederación de amigos con nuestros vecinos enanos.
Yo tenía algunos contactos comerciales en Gondor y en Rohan, lugar patrimonial de los dunledinos y que ocuparon nuestros ancestrales primos tras ser concedidas las tierras por el reino de Gondor. Marché acompañado de algunos fieles y mercenarios leales, entre ellos mi anciano médico y tutor Nefstan y mi sargento militar Hafgrim. Me llevé conmigo una buena cantidad de dinero y promesas por cumplir. Mi esposa e hijo quedaron en la capital a la espera de noticias, resguardados bajo la seguridad de honrados amigos.
Salimos perfectamente pertrechados. Equipados. Acompañados. Hoy me encuentro solo con Minrvid, mi joven lechuza. Salí con un refugio seguro y con un enorme respaldo económico. Hoy soy un exiliado y un perseguido.
Antes de llegar a Gondor todo se torció de forma dramática, cuando un grupo nutrido de salvajes orcos y huargos nos atacó junto a una de las caravanas de viajeros del norte. La mayor parte de los comerciantes, colonos y viajeros iban desarmados y mis propios mercenarios apenas pudieron mantener la cohesión militar. Intentando organizar a la caótica masa de hombres y mujeres en pánico recibí un terrible golpe en el lateral de la cara, las carrillera blindada de mi yelmo logró salvarme la vida, pero el impacto me descabalgó y de pronto todo se hizo oscuro.
Los supervivientes me llevaron a Minas Tirith, Nefstan seguía allí, curando mis heridas. Hafgrim murió defendiendo mi cuerpo. Apenas unos pocos pudieron escapar entre el barro y la sangre llevando mi pesado cuerpo entre sus más preciadas pertenencias. Les debo la vida, y sin embargo no he podido aún honrar su memoria. En la ciudad apenas nos dieron refugio temporal y unas palabras amables. Ecthelion, su senescal regente, acusado ya de querer ser rey por su pueblo, carecía de la autoridad, poder militar y legitimidad para aportar tropas a Lago. ¿Combatir a un rey usurpador cuando él era acusado de lo mismo? Que Gondor comenzara a vislumbrar las emergentes fuerzas de Mordor tampoco ayudó.
En Rohan tampoco tuve mayor suerte. El recuerdo de la herencia compartida no fue suficiente. El miedo a la rebelión del propio pueblo local, los dunlendinos atemorizaba a estos fieros guerreros. Su monarquía sureña, en tierras extranjeras, bajo dominio militar no favorecía nuestras reclamaciones de usurpación por parte de Bardos, un rey de Valle. Lo cierto es que mis reclamaciones sobre el honor y la lealtad a su pueblo jugaron en mi contra y reinterpretaron la lealtad y el honor familiar. Me apresaron junto a mi reducida escolta y esperaron respuesta de Esgaroth. Aunque tuve la fortuna de que una de mis caravanas de aves rapaces adiestradas llegó a Edoras. Como pago a mi rescate se quedaron con todas mis aves y tan solo me permitieron conservar con una joven lechuza, Minrvid, mi solitaria compañera.
Poco después de ser aprisionado mi viejo tutor no pudo soportar el frío húmedo de las celdas y pereció sin yo poder hacer nada. Los pocos guardias que me quedaron fueron liberados con la exigencia de volver a Esgaroth si querían volver a ver a sus familias. Yo recibí la amarga noticia por parte de los caravaneros de que la conjura había sido descubierta. Bardos asentó su dominio ilegítimo nombrando heredero a su hijo Bain y apresó o declaró exiliados a todos aquellos implicados en su derrocamiento. Mi familia fue apresada. Mi esposa ejecutada. Mis bienes y posesiones reclamadas para el rey. Tan solo mi hijo fue exculpado y liberado como supuesta muestra de magnanimidad real. Mi pobre hijo que aún es un adolescente cobijado por los pocos amigos fieles que me quedan en la ciudad.
Y yo. Yo jamás podré volver… a no ser que tuviera un ejército.
Y entonces me acordé de los derrotados. Si los rohirrim no querían apoyarme, quizás pudiera hacer causa común con los Dunlendinos. Su causa es justa. Seguramente accedieran de buen grado a escucharme… quizá, incluso, su gran protector el mago Blanco Saruman tenga a bien, por medio de su protegida Frecana, la fiel, dura y justa guerrera de Dunland escucharme. ¿Podría ser?
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Agentes → Frecana
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Propuesta: Siempre habías oído que los dunledinos eran un pueblo salvaje y bárbaro. Cuando te acercaste a ellos, ibas con ciertas reticencias, pero lo que encontraste fue un pueblo valiente y superviviente, para el que el clan era lo más importante.
****Frecana, una capitana dunledina, te acogió entre sus hombres. Podría pensarse que el odio común hacia los Hombre de Rohan os habría unido y habría crecido vuestra sed de venganza.
Pero sorprendentemente, Frecana parece mucho más moderada que los Hombres de Rohan e incluso que los Hombres de Bardo. Sabe que lanzar a su pueblo a una guerra, sin posibilidades de ganar y por pura venganza, es un error y una injusticia para todos.
En los múltiples viajes en los que les has acompañado, has podido comprobar cómo ha habido momentos en los que Frecana podía haber lanzado ataques voraces contra pueblos de Edoras, sin a penas coste para los dunledinos, pero no lo ha hecho porque sólo iban a perecer labriegos que nada les habían hecho.
Con Frecana has viajado a lugares peligrosos y conocido a gentes que no creíste que conocerías: Isengard y la Torre de Orthan, Lorien, El Bosque Negro…
Hace unos meses, pasasteis un tiempo en El Bosque Negro y conocisteis a algunos hombres, con los que entablasteis amistad. Frecana le dio a uno de ellos (Walderic una llave que habíais conseguido interceptando a unos orcos semanas antes. Le pidió que la llevara a Isengar, para que Saruman la estudiara.
Mientras tanto, vosotros os acercastéis a una fortaleza orca, situada en el norte de las Montañas Nubladas. Os infiltrastéis en busca de unos documentos que Saruman os había encargado recuperar.
Tu actuación fue brillante y esos documentos se consiguieron gracias a ti. Es por ello, que Frecana te regaló un cuerno de Dunland. Un regalo de reyes, y un gran honor. Además estás encargado de portar esos documentos, que no puedes entender porque están escritos en enano.
Frecana y sus hombres te han enseñado lo poderosa que es la unión con tu clan, grupo o compañía.
Una vez por sesión y siempre que estéis presentes todos los miembros de la compañía, puedes hacer sonar el cuerno de Frecana (teniendo en cuenta que hará ruido).
Esto servirá para que los siguientes turnos todos tus compañeros (incluyéndote a ti) tengan tiradas favorecidas en el combate.
El número de turnos lo determinará los dados de éxito (6) que saques en una tirada de Cantar:
*- 0 → 1 turno
Si no quieres hacer ruido, también puedes rolear un discurso inspirador y las tiradas favorecidas para todos durarán 1 turno. Deberás poder hablar bajito a tus compañeros y que todos te escuchen.
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